Probamos el Aston Martin DB12 S: una combinación única de clase y deportividad para disfrutar viajando de Mónaco al circuito de Nürburgring y brillar en los dos sitios
Hay coches muy cómodos con los que se disfruta de los viajes por carretera y coches muy rápidos con los que se disfruta de una carretera de montaña y de una jornada de circuito. Normalmente, o tienes...

Hay coches muy cómodos con los que se disfruta de los viajes por carretera y coches muy rápidos con los que se disfruta de una carretera de montaña y de una jornada de circuito.
Normalmente, o tienes una cosa o tienes la otra, pero Aston Martin ha decidido que se pueden tener las dos con el Aston Martin DB12 S, un modelo que reformula la receta del Aston Martin DB12 para ser más deportivo sin perder sus cualidades de Gran Turismo, todo ello aderezado con el lujo y la elegancia que siempre han caracterizado a los modelos de la marca inglesa.
Una vuelta de tuerca al concepto de Gran Turismo para tener un deportivo polifacéticoLa familia DB de Aston Martin no necesita presentaciones. Es una de las pocas sagas de deportivos que permanece viva tras varias décadas de historia, como sucede con la del Porsche 911 o con la del Chevrolet Corvette. En este caso, hay que remontarse hasta 1948 para hablar del primer coche que llevó el apellido DB; fue el DB1 y con él nació la leyenda de Aston Martin y, particularmente, la de los Aston Martin DB.
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Casi ocho décadas después, la familia DB de Aston Martin está en el olimpo del automovilismo y ha conseguido llegar hasta ahí por méritos propios. Parte de esos méritos tienen mucho que ver con la capacidad de evolucionar sin perder la esencia de la marca.
Solo hay que ver el diseño de los Aston Martin DB de los últimos 30 años: todos respetan las líneas maestras que estrenó el DB7 y, gracias a eso, tienen una silueta inconfundible, pero cada uno de esos modelos ha sabido adaptar perfectamente esa silueta a las tendencias de su época para ofrecer una combinación única de elegancia y modernidad. Es algo parecido a lo que sucede con la sastrería británica. Los trajes a medida de Savile Row evolucionan y se adaptan a las tendencias de cada momento, pero nunca pierden la elegancia característica de la moda inglesa. Pues bien, la última evolución de la saga DB es el Aston Martin DB12 S y es quizá la más trascendente de las últimas décadas porque marca un punto de inflexión en la historia de esta saga. A priori, no parece que este modelo tenga tanta importancia porque, a simple vista, se trata de una evolución del Aston Martin DB12 de 2023 que llega con extra de picante de la mano del apellido S, pero, como te voy a contar, es mucho más que eso. Te lo aseguro.
Lo de añadir el apellido S no es nada nuevo en la gama DB. El primero que lo hizo fue el DB3S en 1953. Desde entonces, Aston Martin tiene la costumbre de hacerlo en las variantes de alto rendimiento de modelos que ya existen. Recientemente, lo hemos visto con los Vanquish S de 2004 y 2026, con los V12 Vantage S de 2011 y 2013, incluso con los Aston Martin Rapide S de 2013 y Aston Martin DBX S, a pesar de su planteamiento más familiar. El DB12 S continúa con esa tradición y, partiendo de la receta del DB12 convencional, propone un cóctel todavía más deportivo gracias a un diseño ligeramente más agresivo, a un pequeño aumento de potencia y, sobre todo, a una puesta a punto completamente revisada. Eso ha dado lugar, efectivamente, a un modelo más deportivo que el DB12, pero también marca un antes y un después en la historia de los Aston Martin DB porque el DB12 S ya no es un Gran Turismo en el sentido estricto del concepto, como todos sus predecesores, sino que es el primer “superturismo” de esta saga: un cruce entre superdeportivo y Gran Turismo.
Se puede definir como la evolución natural del concepto Gran Turismo. Es la forma que tiene Aston Martin de adaptar la fórmula DB a la era de las prestaciones de infarto y a un mercado en el que cada vez hay más competencia porque a las marcas tradicionales se están sumando las que vienen de China y otras nuevas que han llegado pisando muy fuerte, como Rimac. Ojo, Aston Martin ya tiene (muy bien) cubierto el segmento de los hypercars y la parte de la electrificación con modelos como el Valkyrie y el Valhalla, pero también debe evolucionar su gama “más tradicional”, y ahí es donde entra en juego este DB12 S. Cualquiera que lo vea reconocerá al primer vistazo que es un Aston Martin porque, de la misma forma que sus predecesores, respeta las líneas maestras que estrenó el lejano DB7 en los años 90, pero adaptada magistralmente a 2026, de manera que nadie podrá decir que tiene un diseño desfasado. Y es que está fórmula de diseño de Aston Martin sigue siendo espectacular y, lejos de cansar, sigue dejando con la boca abierta a todo el mundo. Aston Martin DB12 S: así es por fuera
Es lo que me pasó a mi cuando salí del hotel y vi el DB12 S que iba a probar por las bonitas carreteras de la Provenza francesa, una unidad con la carrocería Coupé configurada completamente en color negro: carrocería, llantas e interior (a excepción de las pinzas de freno rojas). Cuando tuve delante por primera vez el Aston Martin Valkyrie también me quedé con la boca abierta porque me pareció brutal, pero la sensación con este DB12 S es diferente: a nivel estético desprende una elegancia única, no solo en la gama Aston Martin, sino en todo el mercado. Por supuesto, las impresiones estéticas son completamente subjetivas, pero, en este caso, es justo decir que es un coche objetivamente bonito. Y tiene mucho que ver con esas líneas maestras heredadas del DB7 porque le permiten tener unas proporciones casi perfectas, con una silueta larga, baja y ancha. Es así con todos los Aston Martin DB de las últimas décadas y, ya se sabe, cuando algo funciona, es mejor no cambiarlo. O, en este caso, cambiarlo lo mínimo. Como mejorar el aspecto del DB12 era francamente complicado, los de Gaydon se han limitado e hacer pequeños retoques para ganar algo de agresividad: unas discretas branquias en el capó inspiradas en los monoplazas de Fórmula 1, un nuevo splitter para el paragolpes delantero que mejora la aerodinámica, un sencillo alerón trasero al estilo Flap Gourney, un nuevo difusor trasero, el anagrama S en las aletas delanteras y discos de freno carbocerámicos.
En esta unidad de pruebas, el color negro resalta esa mezcla de elegancia y deportividad, pero, como imaginarás, las posibilidades a la hora de configurarlo son prácticamente infinitas. La paleta de colores exteriores es enorme, con opciones discretas como este negro brillo, alternativas en mate y colores más atrevidos, como el naranja del DB12 S que también estaba aparcado en la puerta del hotel. También es muy amplio el catálogo de llantas y hay varios colores disponibles para pintar las pinzas de freno. Por su parte, el techo puede ser del color de la carrocería, negro brillo, de cristal panorámico o de fibra de carbono. Además, se pueden configurar otros detalles, como los pilotos traseros, que pueden oscuros o de color rojo, así como la parrilla, que puede ser plateada o en negro brillo, mientras que las rejillas de ventilación del capó pueden pintarse en negro brillo o elegirse en fibra de carbono. Aston Martin también ofrece la posibilidad de configurar de fábrica el DB12 S con film protector para la pintura (PPF).
Te animo a probar el configurador de la marca, pero cuidado: sin darte cuenta puedes pasar mucho tiempo configurando el DB12 S de tus sueños. Te lo digo por experiencia: hay tantas opciones y todo le queda tan bien a este coche que el tiempo vuela porque no solo puedes configurar el exterior, sino que también puedes crear un interior a medida. Volviendo a la moda británica, es lo más parecido a ir a una sastrería de Savile Row, pero con un coche. Una locura. Aston Martin DB12 S: así es por dentro Parte del encanto de los Gran Turismo consiste, precisamente, en el lujo y de eso va sobrado este DB12 S. Para convertirse en un superturismo, combina ese lujo y la elegancia propia de un Gran Turismo con toques de deportividad, como el anagrama S bordado en los respaldos de los asientos delanteros o el mando que hace de botón de arranque y de selector de modos de conducción rematado en color rojo (también puede ser plateado, como en el DB12, pero el rojo es exclusivo de esta versión S).
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La fibra de carbono repartida por el habitáculo también añade un toque extra de deportividad. Está en la consola central, en las enormes levas del cambio situadas detrás del volante, en el salpicadero y en varias molduras de los paneles de las puertas. Combina sorprendentemente bien con la cantidad de cuero que hay en todo el interior y el remate deportivo lo ponen los asientos, que pueden ser deportivos (los Sport Plus Seat de las imágenes) o muy deportivos (Performance Seat).
Los primeros son soberbios, por diseño, sujeción, comodidad y posibilidades de ajustes. Son de esos asientos que te abrazan todo el cuerpo para que no se mueva ni un milímetro en una carretera de montaña o incluso en circuito, pero permiten hacer largas tiradas con total comodidad (y se agradece que tengan memoria, calefacción y ventilación). Encajan a la perfección con el concepto de superturismo, también por su diseño porque mezclan las dosis exactas de deportividad y elegancia. Los Performance Seat tienen un aspecto mucho más radical gracias a su estructura de fibra de carbono y lo cierto es que tienen un diseño espectacular, pero, a mi juicio, le “pegan” menos al DB12 S porque son más propios de un hypercar o de un superdeportivo muy enfocado al uso en circuito. Por lo demás, el interior es como el del DB12. Eso significa que la posición de conducción es excelente, con las piernas muy estiradas, el volante en una posición alta, el culo bien pegado al suelo y una ergonomía sorprendentemente buena.
Y sorprende porque es mejor que la de muchos utilitarios y compactos: todo queda a mano, el cuadro digital se ve perfectamente y es muy fácil de leer (además, puede configurarse con diferentes diseños), tiene botones físicos muy prácticos, tanto en el volante como en la consola central, la pantalla central no es absurdamente enorme y, con 10,25”, tiene el tamaño ideal para no desentonar, integrarse bien en la consola central y no alterar el trabajazo de diseño que han hecho en Gaydon. Además, hay bastantes huecos portaobjetos, bandeja de carga inalámbrica para el teléfono móvil y una visibilidad inesperadamente buena en un deportivo en todas las direcciones, en parte, gracias a los enormes retrovisores laterales, aunque también se ve muy bien a través del espejo central porque la luneta trasera no es minúscula. En conjunto, lo que hace todo esto es que cuando te subes al coche sientes que te queda como un guante, en cuestión de segundos, exactamente igual que un traje a medida. Es facilísimo encontrar la posición ideal y hay mucho espacio, aunque no se puede decir lo mismo de las plazas traseras.
Bien es verdad que es un 2+2, pero es impensable que un adulto se monte en los asientos posteriores porque no cabe, a no ser que sea de talla muy pequeña. Solo sirven para llevar a niños (siempre que no sean muy grandes y que no tengan una sillita muy voluminosa) y, sobre todo, para llevar parte del equipaje. En el descapotable (Volante), su uso se limita a esto último cuando se instala el deflector de viento, pero de esta versión hablaré más adelante porque es con la que pasé la segunda parte de la jornada de pruebas. En lo que respecta al maletero, los 262 litros del Coupé deberían ser suficientes para llevar el equipaje de dos personas y, como digo, si se necesita más espacio, se pueden utilizar los asientos traseros. En el Volante es casi imprescindible porque el maletero se reduce hasta los 206 litros para dejar sitio a la capota de lona cuando se pliega y a su mecanismo.
Si tuviera que poner una pega, más allá de la falta de habitabilidad de las plazas traseras y del espacio de carga algo justo, diría que los botones para ajustar los asientos delanteros no están en el mejor lugar porque puedes tocarlos sin querer con las rodillas, aunque no es algo que pase habitualmente, ni a todo el mundo, todo depende de la fisionomía de cada uno y de su posición al volante. Y no puedo hablar del interior sin hacer una mención especial a la calidad general: me he montado en pocos coches que estén tan bien hechos. La calidad de absolutamente todos los materiales es excepcional y sus ajustes están al mismo nivel. Simplemente el tacto que tiene la ruleta metálica para cambiar de modo de conducción es sensacional, como el “click” que hacen las levas al subir y bajar de marcha. A diferencia de muchos coches que han llegado a lo largo de los últimos meses, sientes que hay una conexión con el coche y que no estás a los mandos de un ordenador con ruedas. Aston Martin DB12 S: así va
Esa sensación se multiplica cuando pulsas el botón de arranque y cobra vida el motor V8 4.0 biturbo que se esconde bajo el larguísimo capó. Lo hace con un bramido que pone la piel de gallina a cualquiera y al instante ronronea de una forma mucho más tenue, pero haciéndose notar. Por culpa de la electrificación, este momento que me atrevo a calificar de mágico se está perdiendo en muchos superdeportivos porque cuando se arrancan lo hacen modo eléctrico y no se escucha nada.
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En este caso, no hay ni rastro de la electrificación: todo el protagonismo recae en el conocido motor de origen Mercedes-AMG que Aston Martin utiliza desde hace años en varios de sus modelos y que antes de estar en el DB12 estuvo en el DB11 V8. En ese caso, se “conformaba” con desarrollar 510 CV, en el DB12 entrega 680 CV y en este DB12 S llega hasta los 700 CV. Sí, son palabras mayores, y más si te digo que ofrece un descomunal par máximo de 800 Nm.
Aston Martin db12 s
Motor
TIPO
V8 Twin-Turbo
CILINDRADA
3.982 cc
POTENCIA MÁXIMA
700 CV a 6.000 rpm
PAR MÁXIMO
800 Nm a 2.750-6.000 rpm
TRANSMISIÓN
Automática de ocho relaciones por convertidor de par
TRACCIÓN
Trasera
dimensiones
LARGO
4.725 mm
ANCHO
2.145 mm
ALTO
1.295 mm
BATALLA
2.805 mm
PESO
1.820 kg Coupé - 1.930 kg Volante
CAPACIDAD MALETERO
262 litros Coupé - 206 litros Volante
Prestaciones y consumos
0-100 KM/H
3,5 segundos Coupé - 3,6 segundos Volante
VELOCIDAD MÁXIMA
325 km/h
precio
254.201,68 euros Coupé270.470,59 euros Volante
Este motor siempre ha sido bueno y ya en el DB11 me pareció brutal cuando lo probé hace 9 años, pero ahora es una obra de arte: Aston Martin ha conseguido afinarlo todavía más, volviendo a demostrar que es una de esas joyas mecánicas que vienen de otra era y que están en peligro de extinción.
Sí, también por culpa de la electrificación, las cifras de potencia se están diluyendo y quizá no les damos la importancia que verdaderamente tienen porque nos hemos acostumbrado a hablar de berlinas eléctricas de más de 1.500 CV y de hypercars eléctricos que superan los 3.000 CV, pero no hay que perder el norte: los 700 CV del DB12 S son una barbaridad y, cuando los saca a pasear, lo último que piensas es que tiene menos de la mitad de potencia que un Xiaomi SU7 Ultra. Vale, el Xiaomi es rapidísimo, pero el DB12 S tiene algo que ningún coche eléctrico puede tener: alma. Evidentemente, es cosa del motor de combustión, de su sonido, de su forma de entregar la potencia y, especialmente, de cómo interactúa contigo al volante con la ayuda de una sensacional caja de cambios, porque crea una conexión hombre-máquina que es imposible de tener en un eléctrico. Insisto, todos estos coches eléctricos tan potentes son tremendamente rápidos y te garantizo que pueden ser divertidos, simplemente son diferentes experiencias de conducción y podríamos decir que es una cuestión de gustos. Por mi parte, me quedo con la experiencia que brinda este Aston Martin.
Por otro lado, con 700 CV bajo el pie derecho que van directamente a las ruedas traseras con una inmediatez casi total, a casi cualquier mortal le sobra potencia. Bien es verdad que, como buen Gran Turismo, el DB12 S no es un peso pluma porque detiene la báscula en los 1.820 kg en su versión Coupé, pero corre y mucho. Acelera de 0 a 100 km/h en 3,5 segundos (una décima más rápido que el DB12, aunque nadie sea capaz de notarlo) y alcanza una velocidad máxima de 325 km/h. Pero, más allá de lo que corre, lo importante en este caso es cómo corre. Los 20 CV extra respecto al DB12 no tienen tanta importancia porque el V8 empuja como un demonio en los dos casos y hay que ser muy fino para notar diferencia. Lo que sí cambia respecto al DB12 es la puesta a punto y eso sí que se nota porque todos esos cambios son los que han acercado al DB12 S al concepto de superdeportivo para convertirlo en un supeturismo. Aston Martin asegura que son pequeños cambios, pero que son muchos cambios, empezando por el tren motriz y acabando por el sistema de escape con cuatro salidas de escape, que suena más y mejor, aunque lo más recomendable es optar por el nuevo escape opcional de titanio porque suena todavía más y pesa 11,7 kg menos.
También cambian los amortiguadores Bilstein DTX, que ahora son más firmes y, según dice Aston Martin, “para mejorar el control del balanceo y el paso por curva”, así como la barra estabilizadora trasera, que es más rígida, y la geometría de la suspensión. Además, se ha recalibrado la dirección y los frenos de serie han pasado a ser los carbocerámicos opcionales del DB12, con discos de 410 mm delante y 360 mm detrás y 27 kg menos de peso que los de acero que vienen de serie en el DB12. En el Volante también se ha reforzado en varios puntos la carrocería para aumentar la rigidez torsional. A nivel electrónico, además del citado recalibrado de la dirección, se ha modificado el sistema CBC para mejorar el paso por curva en las frenadas, aunque la mayor novedad tiene que ver con el diferencial trasero electrónico (E-Diff) porque se ajustado para que al conductor le resulte más fácil “meter” en curva al DB12 S y, por lo tanto, para mejorar el paso por curva.
Todos estos cambios, junto con una nueva gestión de la caja de cambios automática ZF de convertidor de par y ocho marchas, que es un 50% más rápida, hacen que el DB12 S sea todavía más eficaz que el DB12 y que también resulte más divertido al volante porque es más ágil, más preciso, más rápido y más fácil de llevar, además de frenar mejor (y de aguantar mucho mejor la fatiga en los frenos, algo fundamental en circuito) y de sonar mejor. A diferencia de otros DB, como el DB11, se siente más ligero y no parece que pese más de 1.800 kg. Esto es clave para que su comportamiento esté más cerca del de un superdeportivo, aunque mantiene la parte de Gran Turismo porque sigue siendo muy cómodo, tanto como para invitar a hacer viajes muy largos con total confort (y con mucho lujo). A la personalidad de GT se ha sumado una nueva personalidad de superdeportivo que nunca antes habíamos visto en esta gama y que hasta ahora estaba reservada a su hermano pequeño, el Vantage. Ahora, el DB12 S es tan GT como debe ser un DB, pero también es capaz de tener un lado más gamberro y, sobre todo, es capaz de ser más rápido y preciso, de manera que es un coche mucho más completo.
Basta con girar el selector de modos de conducción para pasar del programa GT (el más civilizado) al Sport, aunque confieso que tardé poco en volver a girar la ruleta roja porque bastaron unos pocos kilómetros por las curvas del sur de Francia para coger confianza y pedirle más a la bestia británica seleccionando el modo Sport+. Es entonces cuando la cosa se pone seria, el volumen del escape sube, el motor responde aún más rápido a las órdenes del pie derecho y la caja de cambios pone marchas a una velocidad todavía más rápida y de una forma ligeramente más brusca que en los otros modos de conducción, sin ser radical, pero haciéndose notar. Incluso así, sigue siendo un coche noble y en ningún momento da la sensación de querer matarte. Estoy seguro de que eso cambiaría si se ajusta el control de estabilidad al modo Track o si directamente se apaga, pero no me atreví a hacerlo en carretera abierta; para eso habría que meterse en circuito. Te recuerdo que 700 CV, de los de verdad, son palabras mayores.
Lo que sí hice fue cambiar de coche a mitad de la jornada. Dejé el DB12 S Coupé de color negro para coger un DB12 S Volante con una configuración que no dista mucho de la que yo elegiría su tuviera la suerte de poder encargar un DB12 S Volante. Por supuesto, lo primero que hice fue descapotarlo, una tarea que se hace de forma completamente eléctrica en alrededor de 15 segundos. Una vez en marcha, aproveché los primeros kilómetros para conducir a ritmo tranquilo y en modo GT, confirmando también en esta variante descapotable lo cómodo y fácil de llevar que es este coche, incluso en ciudad. Aunque pesa 110 kg más que el Coupé y llega hasta los 1.930 kg, tampoco se siente pesado y con la capota guardada no da la sensación de que tenga menos rigidez que el Coupé. Lo bueno es que tampoco es más incómodo que su hermano de techo duro porque la capota tiene mucho aislamiento y cuando está puesta la insonorización del interior es prácticamente igual de buena que en el Coupé.
Al rato de , pasé al modo Sport+ y la experiencia fue todavía mejor que en el DB12 S Coupé, por la sencilla razón de haber menos filtros entre el sonido de los escapes y yo. Suena tanto y tan bien que decidí apagar el equipo de sonido firmado por Bowers & Wilkins, y eso que también suena espectacular, pero el bramido del V8 gana por goleada. Es adictivo y al rodar fuerte regala unos petardazos que se notan en todo el cuerpo. Esa es la conexión hombre-máquina a la que me refiero: lo notas todo, la dirección te informa de cada china que hay en el asfalto, percibes cómo trabaja la suspensión para que los cambios de dirección sean instantáneos y sin balanceos.
Disfrutas de la precisión a todos los niveles, incluyendo unos frenos que permiten dosificar las frenadas al milímetro y sientes un pequeño tirón cuando metes marcha y los petardazos te ponen los pelos de punta cuando reduces con la leva izquierda. Y si quieres volver a casa más relajado, puedes hacerlo, firmando consumos medios de unos 11-12 l/100 km. Precio del Aston Martin DB12 S El precio de disfrutar de todo esto asciende a 254.201,68 euros en el caso del Coupé y a 270.470,59 euros en el caso del Volante. En los dos casos se trata del precio de partida, incluyendo impuestos. La factura final puede incrementarse de forma notable a base de opcionales, en cualquier caso, no son tarifas elevadísimas si las comparamos con las de la competencia.
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El Porsche 911 Turbo S parte desde los 312.200 euros y el Porsche 911 Turbo S Cabriolet arranca en los 328.344 euros. El alemán es más potente (711 CV), tiene tracción total, está electrificado y acelera más rápido (el Coupé alcanza los 100 km/h desde parado en 2,5 segundos), pero el Coupé es 57.999 euros que el DB12 S Coupé y, en mi opinión, no tiene tanta personalidad como el inglés, como tampoco la tiene otro de los rivales del Aston Martin: el Mercedes-AMG GT Coupé con el que comparte motor. Para encontrar un coche con tanta personalidad en este segmento habría que irse al Ferrari Amalfi.
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Probamos el Aston Martin DB12 S: una combinación única de clase y deportividad para disfrutar viajando de Mónaco al circuito de Nürburgring y brillar en los dos sitios
fue publicada originalmente en
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por
Álvaro Ruiz
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