Werther: Anduaga pide paso

ABC Cultura
7 de mayo de 2026, 06:56
5 min de lectura

La ópera es el gran espectáculo escénico por excelencia, sin duda. En un escenario lírico cabe de todo: teatro, música, literatura, arquitectura... Por eso tan a menudo la ópera nos abruma y nos perde...

Compartir:

La ópera es el gran espectáculo escénico por excelencia, sin duda. En un escenario lírico cabe de todo: teatro, música, literatura, arquitectura... Por eso tan a menudo la ópera nos abruma y nos perdemos en detalles vistosos dejando de lado las bases. Concretando: que con tanta información a veces se nos olvida que se trata, ante todo y por encima de todo, de una manifestación musical, en la que una orquesta, un coro y unos cantantes solistas se disponen a llevar hasta el público la emoción de una partitura tras décadas de intensa preparación profesional. Por tanto, independientemente de la dirección escénica, del vestuario, la iluminación, la escenografía, la dirección de actores, el maquillaje, la regidoría y un largo etcétera de tareas más, si la dirección musical falla es muy difícil que el espectáculo triunfe. Fue el gran problema del estreno de ' Werther ' el pasado lunes en el Liceo, en el que la dirección de Henrik Nánási estuvo muy lejos de lo que cabría esperar de un intérprete con su currículum. Desde el primer compás, un sonido apagado y plano aunque a ratos —¡qué paradoja tan difícil de lograr!— estridente y tapando voces, convivió al largo de casi toda la función con una desconexión total entre lo que sonaba en el foso orquestal y lo que sucedía en el escenario. Sobre las tablas, los cantantes parecían batallar por intentar adivinar la mayoría de sus entradas, sobre todo en los complicados números de conjunto. Especialmente bello fue ver como en la escena inicial el veterano Stefano Palatchi decidió tomar por un momento las riendas de la dirección y echar un bendito capote a los maravillosos niños del Cor Vivaldi, que ya no sabían a quién acudir para acertar el tempo, vista la ausencia de facto del director musical. Con estos mimbres, fijarse en algo más resultaba francamente complicado. Pero lo más esperado de la noche era el debut de Xabier Anduaga como Werther. En una entrevista a este diario, el joven tenor vasco confesaba un cierto vértigo ante la presión de abordar un rol tan mítico, y con solamente treinta años. Anduaga optó por una buena dosis de prudencia, dosificándose en los primeros actos, para llegar en condiciones al final de una ópera en que su personaje se suicida y tiene que soportar una larguísima agonía cantando tirado en el escenario. Aun así, su voz lució cuando tenía que lucirse y arrancó ovaciones sinceras en 'Pourquoi me reveiller'. El cantante ha demostrado, ya en las semanas previas al estreno, una clara voluntad de marcar un cierto punto de inflexión en su trayectoria. Se ha implicado activamente en los ensayos para trabajar no solamente la parte musical sino también la actoral, uno de los puntos débiles que se le ha venido señalando de manera reiterada en los primero años de carrera. Queda trabajo por hacer, pero si algo está claro es que Anduaga, también en este sentido, ha emprendido un camino que no tiene marcha atrás. Por lo que respecta a sus prestaciones canoras, las bases están ahí: bella voz, buen timbre, buen camino el andado hasta ahora. Recordemos, con todo, que solamente tiene treinta años y que lo estamos comparando con un Kraus, un Carreras, un Pavarotti . Como solía decir Victoria de los Ángeles: esto es arte, no una carrera de caballos. No hace falta comparar, ni mucho menos escoger unos para descartar a los demás. Mantengamos la calma un poco más y dejémosle tiempo. Ahora bien, si algo quedó claro en la función es que aparte de tiempo, Anduaga pide paso. Pide comerse escenarios, y pide que se le ponga a prueba. Algo parece decir que él sabe que no va a crecer tanto con paños calientes y golpecitos en la espalda como con oportunidades de verdad, retos. Y ponerle un director musical haciendo un papel como Nánási, una dirección escénica tan anodina como la de Loy y un reparto que, aparte de la Charlotte de Kristina Stanek y la Sophie de Sofía Esparza, tuvo poco empaque, no es hacerle favor alguno. El resultado general, pues, fue una función poco remarcable, falta de emociones más allá de los espantos provocados por la mencionada dirección musical. Loy nos tiene acostumbrados ya a su estatismo, que no vale la pena mencionar mucho más, y su errática dirección de actores. Stanek dibujó una bella Charlotte bien cantada, bien declamada, pero con poca conexión con su amado Werther. La Sophie de Sofía Esparza, en cambio, sí que brilló con luz propia. Preciosa voz, gusto, dicción, actuación. Sin duda, lo mejor de la noche, especialmente en los duetos con Stanek. El resto del reparto sufrió la dirección musical y defendió como pudo cada papel. El más apurado, posiblemente, fuera el barítono David Oller, que no pareció encontrar su espacio en el destacado y exigente rol de Albert, el prometido de Charlotte. Al final, larguísima ovación ridículamente forzada por el propio teatro, que al parecer se empeñó en hacer salir a saludar una y otra vez a todo el elenco, aunque la mitad del público de la sala estuviese ya en el andén del metro volviendo a casa.

Fuente original:ABC Cultura

Preguntas frecuentes sobre Werther: Anduaga pide paso

Los detalles completos del acontecimiento deportivo se recogen en el artículo.

Más noticias de esta sección

Ver todas las noticias

Compartir esta noticia

Compartir: