Hitler, Porsche, tres hombres y una ametralladora. La razón por la que el Volkswagen Escarabajo se convirtió en el coche del pueblo
Entre la fascinante historia de los coches de preguerra destaca con diferencia la de Volkswagen y sus raíces a la sombra del Führer. "Debe parecerse a un escarabajo. Solo se necesita observar a la nat...

Entre la fascinante historia de los coches de preguerra destaca con diferencia la de Volkswagen y sus raíces a la sombra del Führer. "Debe parecerse a un escarabajo. Solo se necesita observar a la naturaleza para saber qué línea debe tener su carrocería". Con estas palabras de Hitler al constructor Ferdinand Porsche, empieza la historia del Volkswagen en Alemania.
Existe una leyenda al respecto: durante una campaña electoral, el automóvil de Adolf Hitler adelanta un día frío y lluvioso a un motorista que tirita, empapado sobre su vehículo. En ese momento tiene una idea: todos deben poder transitar por las carreteras alemanas seguros, calientes y secos. El automóvil debe estar al alcance de cualquiera. Y así sería, un coche para el pueblo.
Un combo histórico: Adolf Hitler y Ferdinand Porsche
Apenas llegado al poder en 1934, Hitler se entrevista con un ingeniero llamado Ferdinand Porsche, que le muestra el modelo de un coche económico y popular: motor refrigerado por aire, tracción trasera, 26 CV, velocidad máxima de 100 km/h, consumo de 8 litros y precio de 1.000 marcos, alrededor de 500 euros de hoy en día. Según la leyenda, Hitler dijo: "Este es mi coche".
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En los años 20, mientras que en Estados Unidos las fábricas de Ford producían millones de vehículos, la industria alemana automotriz era una de tantas. Existían pocos coches pequeños y baratos que además, por regla general, no eran muy buenos; no permitían varios pasajeros, apenas tenían potencia y su aspecto no era demasiado atractivo. Además se trataba de un artículo de lujo, tanto por la compra como por el mantenimiento. Como era habitual, se podía trazar una frontera social entre los que tenían coche y los que no.
Hitler veía en la producción masiva de automóviles la posibilidad de impulsar la industria, de conseguir puestos de trabajo y de dar al obrero la impresión de que atravesaban una frontera invisible: los coches que iban a producir estaban destinados a ellos. Así, Hitler encontraría en Ferdinand Porsche el hombre que haría realidad el Volkswagen.
Porsche presentó los primeros planos en 1934 y calculó un precio de 1.500 marcos (7.000 marcos actuales, 3.579 euros), pero al líder alemán no le gustó y replicó que debía costar "no más de lo que cueste una motocicleta de tipo medio", lo que rebajó el coste a 900 marcos, unos 4.200 marcos actuales (2.100 euros). También se dice que Porsche usó los diseños del Tatra T97 bajo la presión de diseñar rápido y barato. El Tratra T97 era un cuatro puertas producido en un corto periodo de preguerra entre 1936 y 1939 por el fabricante, por entonces checoslovaco Tatra, que tras la guerra habría recibido una compensación por el plagio. Tres hombres y una ametralladora
Durante la primera conversación en el Ministerio de Tráfico estuvo presente un oficial del Ejército. Deseaba que al retirarle la carrocería el nuevo vehículo pudiera transportar a tres hombres y una ametralladora con la munición correspondiente. Así queda al descubierto el aspecto militar de la motorización masiva.
La financiación del proyecto corría a cargo de la Asociación de la Industria Automovilística Alemana y la producción se debía repartir entre las diversas fábricas existentes.
Hitler quiso que el proyecto comenzara lo antes posible, pero no había contado con los altos precios de coste y la falta de interés por parte de la industria y los inversores. Pero el Führer no se dió por vencido y convirtió a Volskwagen en el proyecto predilecto del estado nacionalsocialista.
Hitler decidió construir una fábrica especialmente para el Volkswagen que dependería del denominado Frente de Trabajo, que se encargaría de la comercialización, mientras que la Fuerza por la Alegría pondría a su servicio cartillas de ahorro con las que la población pudiera adquirir el coche. El coche llegó a venderse a 1.000 marcos, y en seguida llegaron los aspirantes.
Sin embargo, la guerra llegó antes de lo que se esperaba; cuando en mayo de 1938 se colocó la primera piedra en la fábrica de Volkswagen, en Wolfsburgo, ya se dejaba sentir la crisis de los Sudetes.
En la exposición otoñal en Viena, el Volkswagen figuraba al lado de las máscaras de gas; como ocurriría con todos los fabricantes al inicio de la Segunda Guerra Mundial, la motorización se dedicaría al Ejército.
Cuando en 1940 se celebró la solicitud 300.000, en la fábrica de Volskwagen se construían vehículos militares y ninguno de los solicitantes recibió su coche. El proyecto de Hitler y Porsche se había convertido, efectivamente, en un coche para tres hombres y una ametralladora.
En 1937, Adolf Hitler le concedió a Porsche el Premio Nacional Alemán de las Artes y las Ciencias, una de las condecoraciones menos frecuentes del Tercer Reich.
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En 1944 los Aliados bombardearon la mayor parte de la fábrica de Wolsfburgo. Con enorme esfuerzo pudo reanudarse la producción después de la guerra, esta vez destinada a automóviles civiles. Aquellos que se quedaron sin sus Escarabajos tras haber pagado los cupones, formaron una asociación y demandaron a la firma. En 1961 se llegó a un acuerdo: previo pago de 600 marcos más, recibirían el coche prometido. El Volkswagen, como su nombre indica, ya era un coche para el pueblo. En Motorpasión | Así era el coche de Hitler: el Großer Mercedes que le hacía sentir más alto que los demás
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por
Victoria Fuentes
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