'El veneno del teatro': ¿puede un actor representar la muerte?
En la temporada 1983-1984, el Centro Dramático Nacional tenía programada, del 11 de noviembre al 17 de diciembre en el Teatro María Guerrero, y en funciones de viernes (19 horas) y sábado (22,45 horas...
En la temporada 1983-1984, el Centro Dramático Nacional tenía programada, del 11 de noviembre al 17 de diciembre en el Teatro María Guerrero, y en funciones de viernes (19 horas) y sábado (22,45 horas), una obra de Rodolf Sirera (Valencia, 1948), ' El veneno del teatro '. La gran apuesta de esos meses era 'La vida del Rey Eduardo II de Inglaterra', de Christopher Marlowe, con su estreno previsto para el 13 de octubre y seis funciones semanales. El accidente de Juan Gea, uno de los actores de este montaje, hizo variar los planes del director del CDN, Lluís Pasqual, que le dio a la obra de Sirera un mayor espacio. José María Rodríguez Méndez firmaba la versión, Emilio Hernández dirigía y los intérpretes eran dos primeros espadas: José María Rodero y Manuel Galiana . El público respondió llenando el teatro todos los días. ' El veneno del teatro ' (que antes se había estrenado en catalán-valenciano, el idioma en que Sirera la escribió) se convirtió a raíz de aquellas representaciones en un icono del teatro español reciente. Y como tal vuelve a escena; ahora en el Teatro Fernán Gómez, donde se presenta hasta el 3 de mayo. La dirección es de Robert Torres , y las intérpretes son Silvia Maya y Marta Sangú . «Se ha hecho con dos actores, con dos actrices, con un actor y una actriz, con un actor y una actriz haciendo de hombre... Ha habido muchas combinaciones», cuenta Rodolf Sirera. Confiesa el autor que el éxito de la función le llevó en un momento determinado a odiarla . «Tengo muchísimas obras escritas, pero todo el mundo me pedía 'El veneno del teatro', así que la llegué a aborrecer. Incluso escribí hace unos diez años una obra titulada 'Trío', que era la historia de dos actores que querían hacer 'El veneno del teatro', pero el autor no les dejaba». Rodolf Sirera ya se ha reconciliado con la obra, que cuenta la historia, en esta versión, de una aristócrata, una marquesa, que invita a su palacio a una célebre actriz; a ésta lo recibe una criada, con la que empieza a hablar de teatro y que es, en realidad, la aristócrata disfrazada. La marquesa le pide a la actriz que interprete un fragmento de una obra que ella misma ha escrito, y que es una pieza sobre la muerte de Sócrates, forzado a suicidarse con cicuta. El descubrimiento de que la criada es la marquesa disfrazada es, dice el propio Sirera, «uno de los momentos clave porque nos hace reflexionar sobre los prejuicios . Si varía nuestra manera de actuar según con quién estamos, ¿no somos todos actores? ¿no nos encargamos, quizás, de llevar siempre una máscara que esconde nuestros miedos y ansiedades?». Y es, que añade, «uno de los temas que se cuestionan en esta obra es la superficialidad. Gabrielle, la comediante, toma actitudes diferentes con la criada y la marquesa. Con la primera es soberbia y mal educada, se toma esa licencia por pertenecer a un grupo superior al de la criada. Con la marquesa es condescendiente y suave como un guante, ya que no quiere perturbar a quien es socialmente superior a ella. Es entonces cuando se hace palpable que las categorías sociales son también esto, una simple convención. Sólo la muerte es la única verdad . Sólo la muerte impone límites. Y únicamente es el teatro, la muerte, la verdad objetiva, resulta traicionada. Quizás en ninguna otra obra como 'El veneno del teatro' este discurso teórico se desarrolla de una manera tan armónica». La obra se plantea, como dice Robert Torres, como un 'thriller' en el que la marquesa manipula psicológicamente a la actriz y experimenta con ella abordando esa fina línea que separa la realidad y la ficción, en la que se plantean cuestiones como si un intérprete puede sentir realmente lo que representa. «El punto de partida de mi escritura era la primera escena y yo no sabía cómo iba a seguir -confiesa Sirera-; pero tenía reciente la lectura de 'La paradoja del comediante', de Diderot , donde está ya esa cuestión. A mí se me planteaba la duda: por mucho que intentes sentir el personaje, cómo vas a representar algo como la muerte, que no podrías volver a representar porque al morir se acaba todo. Y empecé a tramar el argumento con una cierta intriga... Y al final la obra se queda en ese punto en el que no sabemos si realmente lo que ocurre es real o no. Lo ideal -bromea- es que el actor o la actriz murieran de verdad, pero como eso no es posible, habrá que pensar en que algo pasa después de que se apaguen las luces y llegue el final de la obra».
Preguntas frecuentes sobre 'El veneno del teatro': ¿puede
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