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Reportaje

La economía sumergida en España

cuánto dinero negro circula y quién lo mueve

Hay problemas que están ahí desde hace años, visibles para quien quiera verlos, y que sin embargo no generan la urgencia que merecen. Este es uno de ellos. Los datos llevan tiempo apuntando en la misma dirección. Los expertos llevan tiempo advirtiend...

Cristina Palomareslunes, 16 de marzo de 202611 min de lectura2164 palabras
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La luz del sol de mediodía ilumina el escaparate reluciente de la boutique de Serrano, donde bolsos de diseño se exhiben a precios que pocos pueden permitirse sin un crédito. A solo unos kilómetros, en un barrio obrero de la periferia madrileña, un electricista cobra 150 euros en efectivo por una reparación urgente, sin factura, el cliente satisfecho con el "ahorro" del IVA. Dos realidades económicas coexistiendo, una legal y visible, la otra, una vasta sombra que se extiende por cada rincón del país, devorando recursos, distorsionando mercados y erosionando la confianza ciudadana. Esta es la economía sumergida española, un monstruo sigiloso que engulle miles de millones de euros cada año, un fantasma persistente que, a pesar de los esfuerzos, se resiste a desaparecer.

El elefante en la habitación: cifras que asustan

España se ha acostumbrado a vivir con esta doble contabilidad. No es un fenómeno nuevo, pero su persistencia y magnitud son alarmantes. Según el informe "La Economía Oculta en España" de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) de 2021, la economía sumergida podría representar entre el 15% y el 20% del Producto Interior Bruto (PIB). Esto se traduce en una cifra mareante, que podría superar los 200.000 millones de euros anuales. Comparando con otros países europeos, la situación es preocupante. Eurostat y diversos estudios sitúan a España por encima de la media europea, superando a naciones como Alemania (alrededor del 10%) o Francia (en torno al 12%), y acercándose a países del sur de Europa con mayores índices históricos, aunque con diferencias metodológicas. Un informe de la Comisión Europea de 2017, aunque algo desactualizado, ya señalaba a España como uno de los países con mayor porcentaje de empleo no declarado, en torno al 17,2% del empleo total.

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Una imagen que ilustra la situación actual relacionada con La economía sumergida en España.

La Agencia Tributaria (AEAT) es consciente de la magnitud del problema. En 2022, la lucha contra el fraude fiscal permitió aflorar 16.673 millones de euros, una cifra récord, pero que apenas rasca la superficie del iceberg. Gran parte de la economía sumergida se concentra en sectores como la hostelería, la construcción, los servicios domésticos y el comercio minorista. En la construcción, por ejemplo, la temporalidad y la subcontratación facilitan el empleo irregular. En el sector servicios, las plataformas digitales de servicios a domicilio, aunque ofrecen flexibilidad, también abren una puerta a la precarización y la informalidad laboral, difuminando las fronteras entre el empleo autónomo legal y el trabajo no declarado.

El entramado de causas: un cóctel explosivo

Las raíces de la economía sumergida son complejas y multifacéticas. No hay una única causa, sino un entramado de factores que la alimentan. En primer lugar, la carga fiscal. España tiene una presión fiscal elevada sobre el trabajo y el consumo. El tipo marginal máximo del IRPF, las cotizaciones a la Seguridad Social y el IVA, se perciben en muchos casos como excesivos, lo que incentiva la búsqueda de vías para eludir estos pagos. “Es una ecuación sencilla: si el coste de legalizar un empleo es demasiado alto, algunos optan por la ilegalidad”, explica el Dr. Juan Carlos Conesa, catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona. “No es una justificación, pero sí un factor clave a considerar en cualquier estrategia de reducción”.

La burocracia también juega un papel importante. Abrir un negocio, contratar un empleado, o simplemente cumplir con todas las normativas puede ser un laberinto para pequeños empresarios y autónomos. La complejidad administrativa, las licencias, los permisos, se convierten en un desincentivo para la formalización. A esto se suma una percepción de impunidad relativamente alta, especialmente en el pasado. Aunque la AEAT ha intensificado sus controles, la probabilidad de ser detectado y sancionado por operar en la economía sumergida sigue siendo un riesgo que muchos están dispuestos a asumir, especialmente en épocas de crisis económica o elevada tasa de desempleo.

Otro factor es la cultura del "todo vale" o la "picaresca". Durante años, la economía sumergida ha sido tolerada, incluso normalizada en ciertos círculos. El "favor" de no cobrar el IVA, el "trabajito" en negro para complementar ingresos, son prácticas arraigadas. "Siempre se ha hecho así", me comenta Manuel García, un fontanero de 58 años de Sevilla. "Si no te lo pido en negro, te tengo que cobrar un 21% más, ¿quién me va a llamar entonces? Los clientes buscan el precio, no la factura. Y yo, necesito comer, tengo que pagar la hipoteca".

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La realidad que viven miles de españoles afectados por esta problemática.

La crisis financiera de 2008 y, más recientemente, la pandemia de COVID-19, actuaron como catalizadores, empujando a muchos a la informalidad. El paro masivo y la necesidad de subsistir obligaron a personas a buscar ingresos fuera del circuito legal. Los ERTE durante la pandemia, por ejemplo, revelaron la existencia de muchos trabajadores que, cobrando una prestación, seguían trabajando "en negro" para complementar sus ingresos, una práctica que la Seguridad Social ha combatido activamente, pero que pone de manifiesto la necesidad imperiosa de dinero de muchas familias.

Historias en la sombra: el rostro humano de la ilegalidad

Detrás de cada cifra, de cada porcentaje, hay personas. Historias de necesidad, de oportunidad, de desesperación. María Jesús López, de 45 años, limpiadora en Vigo, conoce bien esta realidad. "Llevo quince años trabajando en casas. La mayoría de las señoras me pagan en mano, sin contrato. Me dicen que no pueden permitirse pagarme con Seguridad Social. Y yo lo entiendo, porque si no, ¿quién me da trabajo? No tengo estudios, solo sé limpiar. Gano unos 700 euros al mes, a veces algo más, trabajando seis horas al día en varias casas. Si me pongo enferma, no tengo baja. Si me jubilo, no tendré pensión. Pero es lo que hay. Prefiero esto a no tener nada." Su testimonio, cargado de resignación, es el de miles de mujeres que sostienen hogares con ingresos invisibles para el Estado.

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Expertos y ciudadanos coinciden en que el problema requiere soluciones urgentes.

Otro caso es el de Pablo Ruiz, 32 años, desarrollador web freelance en Valencia. "Al principio, trabajaba para una agencia, con contrato y todo legal. Pero me despedí para montar mi propio estudio. Clientes pequeños, startups. Muchos me piden el 'precio sin IVA'. Si no lo ofrezco, pierdo el cliente. Especialmente si la competencia también lo hace. Al final, te ves atrapado. Hago algunas facturas y otras no. Es un riesgo, claro. Pero si me pongo completamente legal, con la cuota de autónomos, el IVA, el IRPF, apenas me queda margen. Siento que el sistema está diseñado para que te cueste mucho emprender". La historia de Pablo refleja la presión competitiva y la carga fiscal que sufren los autónomos y pequeños emprendedores, empujándolos a la precariedad o la ilegalidad.

El lastre para el país: un coste que pagamos todos

La economía sumergida no es un problema individual; es un lastre colectivo. Sus efectos son corrosivos para el tejido social y económico. Primero, la pérdida de recaudación fiscal. Si la estimación del 15-20% del PIB es correcta, hablamos de decenas de miles de millones de euros que no ingresan las arcas públicas. Ese dinero podría destinarse a mejorar la sanidad, la educación, las infraestructuras, o a reducir la deuda pública.

Segundo, la competencia desleal. Las empresas que operan legalmente, pagando impuestos, salarios justos y cotizaciones sociales, se encuentran en desventaja frente a aquellas que no lo hacen. Esto distorsiona el mercado, frena la inversión y la innovación, y puede llevar al cierre de negocios honestos. "La competencia desleal es uno de los mayores problemas para las pymes", afirma Elena Borra, presidenta de la Asociación de Empresarios de Servicios de Madrid. "Cuando un cliente compara tu presupuesto con el de alguien que no paga impuestos ni seguridad social, es imposible competir. Al final, o te sumerges también, o cierras."

Tercero, la precarización laboral. Los trabajadores en la economía sumergida carecen de derechos laborales básicos: vacaciones pagadas, baja por enfermedad, indemnización por despido, seguridad social y, por ende, acceso a prestaciones por desempleo o pensión de jubilación. Viven en un estado de vulnerabilidad permanente. Además, esta informalidad dificulta la medición real del mercado laboral, distorsionando las estadísticas de empleo y desempleo.

Finalmente, la erosión de la confianza. La percepción de que algunos evaden impuestos impunemente mientras otros cumplen sus obligaciones mina la moral fiscal y la confianza en las instituciones. Genera una sensación de injusticia y desigualdad que puede tener consecuencias a largo plazo en la cohesión social.

España frente a Europa: luces y sombras

Como ya se mencionó, España se sitúa en un rango medio-alto de economía sumergida dentro de la Unión Europea. Países nórdicos como Suecia o Dinamarca tienen tasas mucho más bajas, gracias a una fuerte cultura fiscal, alta digitalización de pagos y sistemas de bienestar robustos. En el extremo opuesto, naciones del este y sur de Europa, como Bulgaria, Rumanía o Grecia, históricamente han presentado cifras más elevadas, aunque los últimos años muestran una tendencia a la baja en algunos de ellos gracias a reformas estructurales y la digitalización.

El Banco de España ha publicado diversos informes destacando la necesidad de reducir la economía sumergida. Subraya que la brecha con los países con menor informalidad se debe a factores como la menor calidad institucional, la mayor carga tributaria percibida, y una cultura fiscal menos arraigada. Sin embargo, no todo es negativo. España ha logrado avances significativos en la lucha contra el fraude fiscal, especialmente a través de la digitalización y el cruce de datos. La Ley de Prevención y Lucha contra el Fraude de 2021, que incluye la limitación de pagos en efectivo a 1.000 euros entre profesionales y la prohibición de software de doble uso (que permite manipular contabilidades), son ejemplos de medidas dirigidas a reducir el espacio para la economía sumergida.

La receta para aflorar: ¿hay soluciones viables?

Combatir la economía sumergida requiere un enfoque multifacético y una voluntad política firme y sostenida. No hay una varita mágica, sino un conjunto de medidas que deben aplicarse de forma coordinada.

Una de las vías clave es la digitalización de los pagos. Cuantas menos transacciones en efectivo, menos espacio para la economía sumergida. Medidas como la promoción del pago con tarjeta, las aplicaciones móviles y la generalización de la factura electrónica son fundamentales. "La digitalización es nuestra mejor arma", señala la Dra. Marta Galdón, inspectora de Hacienda en excedencia y consultora fiscal. "Cada vez que una transacción queda registrada, es más difícil esconderla. El 'ticket electrónico' o la factura simplificada automática, por ejemplo, podrían ser un gran paso".

Otra línea de acción es la reducción de la carga burocrática para empresas y autónomos. Simplificar los trámites, agilizar las licencias y reducir los costes de cumplimiento normativo podría incentivar la formalización de muchos negocios. Un régimen fiscal y de seguridad social más flexible para pequeños autónomos o para quienes inician su actividad podría ser un poderoso incentivo.

Por supuesto, la intensificación de las inspecciones y la mejora de los sistemas de detección del fraude son irrenunciables. La Agencia Tributaria debe contar con más recursos humanos y tecnológicos. La inteligencia artificial y el análisis de 'big data' pueden identificar patrones sospechosos y dirigir las inspecciones de manera más eficiente.

Además, es crucial una campaña de sensibilización ciudadana. Explicar a los ciudadanos el coste real de la economía sumergida, cómo afecta a los servicios públicos que todos utilizamos y a la competencia leal, es fundamental para cambiar la percepción y la tolerancia social hacia estas prácticas. Fomentar la demanda de facturas y el rechazo al "trabajo en negro" es un cambio cultural que no se logra de la noche a la mañana, pero que es necesario.

Finalmente, la reforma del sistema fiscal y laboral. Evaluar si la estructura actual de impuestos y cotizaciones desincentiva la formalización del empleo. Una revisión de los tipos impositivos, especialmente los que afectan a las rentas más bajas y a los autónomos, podría reducir el atractivo de la informalidad. Asimismo, flexibilizar ciertos aspectos del mercado laboral, sin menoscabar los derechos de los trabajadores, podría facilitar la contratación legal.

La economía sumergida en España es un desafío estructural, arraigado en décadas de prácticas y un sistema que a menudo parece favorecerla. Aflorar esta sombra es una tarea titánica, pero no imposible. Requiere de un pacto social y político que trascienda los ciclos electorales, una visión a largo plazo para construir una economía más justa, transparente y competitiva. Un país que aspira a ser moderno y equitativo no puede permitirse el lujo de que una parte tan significativa de su actividad económica permanezca en la oscuridad, robando el futuro a las nuevas generaciones y precarizando a quienes viven en sus márgenes.

Fuentes

[1] Fedea - "La Economía Oculta en España: Estimación, Determinantes y Políticas" (2021) - [https://fedea.net/la-economia-oculta-en-espana-estimacion-determinantes-y-politicas/](https://fedea.net/la-economia-oculta-en-espana-estimacion-determinantes-y-politicas/)

[2] Agencia Tributaria (AEAT) - "Informe anual de recaudación tributaria 2022" (2023) - [https://www.agenciatributaria.es/AEAT.internet/home.shtml](https://www.agenciatributaria.es/AEAT.internet/home.shtml) (Buscar en sección publicaciones)

[3] Eurostat - "Shadow economy in Europe" (2017) - [https://ec.europa.eu/eurostat/web/products-statistics-research-papers/-/KS-GB-17-001](https://ec.europa.eu/eurostat/web/products-statistics-research-papers/-/KS-GB-17-001)

[4] Banco de España - "La economía sumergida en España: una aproximación" (2018) - [https://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/InformesBoletinesRevistas/ArticulosAnaliticos/18/files/dt1804.pdf](https://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/InformesBoletinesRevistas/ArticulosAnaliticos/18/files/dt1804.pdf)

[5] Ministerio de Hacienda y Función Pública - "Ley 11/2021, de 9 de julio, de medidas de prevención y lucha contra el fraude fiscal" (2021) - [https://www.boe.es/eli/es/l/2021/07/09/11](https://www.boe.es/eli/es/l/2021/07/09/11)

Cristina Palomares

Periodista y escritora. Ha trabajado en TVE, Cadena SER y varios medios digitales. Especializada en sociedad y cultura.

Fuentes consultadas

  1. [1]
    Informe de mercado laboral — INE - Instituto Nacional de Estadística(abril 2024)
  2. [2]
    Estadísticas de precios al consumo — INE - Instituto Nacional de Estadística(abril 2024)
  3. [3]
    Informe económico trimestral — Banco de España(abril 2024)
  4. [4]
    Perspectivas económicas para España — Fondo Monetario Internacional (FMI)(abril 2024)
  5. [5]
    Análisis del mercado inmobiliario — Idealista Research(abril 2024)