Un sevillano descubre una carta de ETA con amenazas a su padre 15 años después de su muerte
En octubre de este año se cumplirán 15 desde que la banda terrorista ETA anunciase el cese definitivo de su actividad armada, para comunicar ya en mayo de 2018 su disolución. Se trata de fechas de ind...

En octubre de este año se cumplirán 15 desde que la banda terrorista ETA anunciase el cese definitivo de su actividad armada, para comunicar ya en mayo de 2018 su disolución. Se trata de fechas de indiscutible peso en la historia reciente de España, donde sigue plenamente latente la huella del grupo terrorista, con más de 850 asesinatos a sus espaldas, muchos de ellos aún sin resolver. Buena prueba de esa huella, esa herida, ha quedado de relieve con una historia ocurrida en Sevilla, donde un vecino ha descubierto «por pura casualidad» una carta de 1981, en la que la banda armada amenazaba a su padre, entonces trabajador en los servicios de seguridad de la central nuclear de Lemóniz , en Vizcaya. Lo cuenta en primera persona a este periódico este vecino de Sevilla capital llamado Francisco Márquez González, quien narra cómo su padre, Francisco Márquez Mateo-Cañero, natural de Écija, trabajó varios años en la coordinación de seguridad en el recinto de la central nuclear promovida desde 1972 por Iberduero en el municipio vizcaíno de Lemóniz, hasta la paralización de las obras en 1984 en el marco de la oposición social a la energía nuclear y la campaña de atentados del grupo terrorista contra dicho proyecto. Fue en concreto en 1978 cuando Francisco Márquez Mateo-Cañero, de 55 años de edad en aquellos momentos, se incorporó a la plantilla de seguridad del proyecto de construcción de la mencionada planta nuclear. que jamás llegó a ser finalizada. Antes había sido piloto en el Ejército del Aire y tras finalizar su carrera militar, había emprendido diferentes negocios como pequeño empresario en su localidad natal, Écija, donde incluso llegó a ejercer como concejal en los años 60.En 1977, según relata su hijo a este periódico, Francisco Márquez Mateo-Cañero ya preconizaba la futura «crisis» de sus actividades como pequeño empresario dedicado a surtir a los ultramarinos de Écija y su comarca, como consecuencia de la implantación y consolidación de las grandes cadenas de supermercados, con el consiguiente impacto en los pequeños negocios.Oferta de empleo en LemónizFue entonces cuando, leyendo un ejemplar de ABC , pues fue un asiduo lector de este periódico y autor además de decenas y decenas de cartas al director entre 1990 y 2004, con 37 de ellas publicadas sólo en 2001; se percató de un anuncio de trabajo en el que la empresa Iberduero ofertaba puestos en su plantilla de servicios de seguridad de las obras de construcción de la central nuclear de Lemóniz , con el requisito de haber pertenecido antes a las Fuerzas Armadas o los Cuerpos de Seguridad del Estado, como era su caso al haber sido piloto en el Ejército del Aire. Fue así como Francisco Márquez Mateo-Cañero entró en contacto con dicha empresa para optar a uno de los puestos de la plantilla de seguridad. Y aunque en principio su petición no prosperó, tras perseverar en sus solicitudes de empleo a Iberduero, finalmente la primavera de 1978 la compañía accedió a contratarle. Previamente, el 17 de marzo de 1978, la banda terrorista ETA había hecho detonar un artefacto explosivo dentro de las instalaciones de la planta, asesinando a dos operarios y dejando además a otras 14 personas heridas de diversa consideración. Y es que en el marco de las movilizaciones sociales contra la energía nuclear, la organización terrorista desencadenó toda una campaña de atentados contra la citada planta en construcción, con un total de cinco víctimas mortales a lo largo de los años. Francisco Márquez Mateo-Cañero dejó su vida en Écija para trabajar en los servicios de seguridad de la central de LemónizPero pese a este adverso contexto, como explica su hijo, Francisco Márquez Mateo-Cañero aceptó el contrato que le ofrecía finalmente Iberduero y con 55 años de edad, desmanteló su pequeño negocio en Écija y junto con su esposa, hizo las maletas para instalarse en Algorta , a unos 16 kilómetros de distancia de la central de Lemóniz, donde comenzó a trabajar en la plantilla de seguridad. No fueron pocos los avisos de que «estaba loco» y de que corría el riesgo de que le mataran, como rememora su hijo.Pero por contra, este astigitano desarrolló varios años su trabajo de vigilancia y coordinación de seguridad en la planta nuclear de Lemóniz, cuyas obras fueron finalmente paralizadas en 1984; y completó unos diez años trabajando para Iberduero hasta su jubilación ya con 65 años de edad. Aquel periodo de su vida, según su hijo, fue para su padre «uno de los más felices», incluso pese al riesgo asumido.Ya jubilado, se instaló en Sevilla centrándose en su amor por la lectura y su citada trayectoria como prolijo autor de cartas al director de ABC, hasta su muerte en febrero de 2010 con unos 87 años de edad. Fruto de su afición por los libros, Francisco Márquez Mateo-Cañero dejó atrás una importante biblioteca y fue precisamente hace unos meses cuando su hijo, como relata él mismo a este periódico, descubrió un llamativo documento al hojear uno de los volúmenes atesorados por su padre.ETA avisaba en su carta de que recurriría a «todas las fórmulas de combate» para impedir la construcción de la plantaY es que entre las hojas del libro descubrió una carta escrita a máquina en 1981 y dirigida por ETA, en la que la banda terrorista avisaba de su determinación a recurrir a «todas las fórmulas de combate» a su alcance para frenar el proyecto de la central nuclear de Lemóniz, como figura textualmente en este documento recogido en este periódico.Al detalle, en la citada carta, el grupo terrorista señalaba la «negativa del pueblo vaco» al citado proyecto de planta nuclear y su decisión de «contribuir con la lucha armada revolucionaria» a la paralización de sus obras de construcción, con «cotas de enfrentamiento cada vez mayores».En la carta, los terroristas señalan directamente las «muertes» de tres trabajadores de las obras de construcción de la planta asesinados en sus atentados de 1978 y 1979 y la «ejecución» del ingeniero jefe de la central, José María Ryan, a comienzos de 1981, año de emisión del documento ; con la holgura de responsabilizar incluso de estos «dramáticos hechos» a la dirección de Iberduero.La ironía de ETA en su cartaEn ese marco, la banda armada destaca en este escrito su «firme decisión» de continuar con su campaña e, irónicamente, aseguraba que su «voluntad» era «evitar siempre en la medida de lo posible la utilización de las armas» para la consecución de sus fines. Para las fechas de emisión de esta carta, la banda terrorista había asesinado a cerca de cien personas sólo en 1980 y en el caso de Lemóniz, acumulaba ya cuatro víctimas mortales. Ya en 1982, la banda asesinó a Ángel Pascual Múgica, entonces director del proyecto de Lemóniz. «Si Iberduero cuenta con servicios especiales de seguridad y el apoyo de la Policía e incluso del Ejército, los sectores opositores tenemos igual o más derecho a servirnos de todas las fórmulas de combate a nuestro alcance para defender nuestros intereses. Hoy solo quedan dos posibles caminos a recorrer. O con el pueblo o contra él. Ahora a usted le toca decidir y actuar en consecuencia», expone la banda terrorista en el último párrafo de su carta.Su familia nunca llegó a saber nada de la amenaza de la banda terroristaEl hijo de este trabajador astigitano de los servicios de seguridad de la planta de Lemóniz reflexiona que en el marco de la campaña de violencia de ETA contra dicho proyecto, «hubo mucha gente amenazada» por la banda terrorista, pero destaca el impacto del hallazgo de esta carta «por pura casualidad», porque en su familia «nunca» supieron que su padre estuviese efectivamente amenazado. «No lo supimos nunca», ha dicho sobre cómo su padre habría intentado ahorrar a su familia la honda preocupación derivada de una amenaza de esta naturaleza.Precisamente por eso, Francisco Márquez González ha querido revelar la citada carta, para avivar la memoria del terror desplegado por la banda terrorista ahora que «las nuevas generaciones desconocen casi todo» de aquella «etapa espantosa» de la historia reciente de España. Según avisa parafraseando al exministro de Interior, excandidato a lendakari por el PP y eurodiputado por dicho partido, «ETA sigue igual de viva, lo único es que no mata porque no le interesa». «Los herederos de esa carta infame, incluso quien la escribió, posiblemente se hayan sentado en el Congreso alguna vez», indica, dedicando una especial mención a la víctima de ETA Antonio Mesa Portillo, asesinado en 1979 en Algorta y quien además de agente de la Policía Nacional fue su profesor de Bioestadística.
Preguntas frecuentes sobre Un sevillano descubre una carta
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