Sin casa y sin paz en Sudán: «La guerra nos lo ha quitado todo»

ABC Última Hora
4 de abril de 2026, 02:26
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Han pasado casi tres años desde el inicio de la guerra en Sudán. El 15 de abril de 2023, las Fuerzas de Apoyo Rápido , un grupo paramilitar que anteriormente estaba comandado por el Ejército sudanés, ...

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Sin casa y sin paz en Sudán: «La guerra nos lo ha quitado todo»

Han pasado casi tres años desde el inicio de la guerra en Sudán. El 15 de abril de 2023, las Fuerzas de Apoyo Rápido , un grupo paramilitar que anteriormente estaba comandado por el Ejército sudanés, atacó a las Fuerzas Armadas de Sudán en Jartum. Comenzó así un conflicto que se ha extendido por amplias áreas del país y ha provocado una de las mayores crisis humanitarias del mundo . Se ha declarado la hambruna en regiones como Darfur o Kordofán y más de diez millones de personas se han visto obligadas a desplazarse de sus hogares, muchas de ellas en varias ocasiones. En Sudán, el día a día se ha convertido en una lucha por la supervivencia . «Ahora intentamos ganarnos la vida y, a veces, no conseguimos ni dinero», relata Nadia. Vive en un campo de refugiados dentro del país junto a sus hijos. Su marido lleva un año «desaparecido» y, para conseguir alimentos, recogen leña o cosechan okra, un fruto comestible, y lo venden. «A veces, incluso si consigo 800 libras sudanesas (equivalente a 1,12 euros) no es suficiente para comprar un cuarto de kilo de harina de maíz», explica Nadia a ABC. Los recursos básicos escasean, el acceso a los mercados es intermitente y los precios son inalcanzables. Las madres pasan días enteros preocupadas únicamente por conseguir alimentos para sus hijos. «Para muchas familias, cada día implica decidir entre comprar comida, pagar transporte, conseguir agua o atender una necesidad médica urgente», expone Francesco Lalino, director adjunto de Save the Children en Sudán.Noticia relacionada general No No Los cristianos del sur del Líbano se niegan a la evacuación impuesta por Israel Nathalie DuplanLos   niños son más de la mitad de la población desplazada. La guerra está afectando a su desarrollo y están en riesgo de ser una «generación marcada por la pérdida, el trauma y la falta de oportunidades», detalla Lalino. Recuerda la historia de una niña que dejó de hablar durante meses por el trauma que sufrió tras huir junto a su familia de un ataque a su comunidad. Otro chico de once años, desplazado desde Darfur, le contó que dormía con miedo y siempre vestido por si tenía que escapar corriendo durante la noche. Este terror por la inseguridad marca su vida. «Nos encontramos en una guerra que nos lo ha quitado todo», reflexiona Al Douri. Era médico en un hospital de Jartum cuando estalló el conflicto y su hogar fue destruido por los bombardeos. Ahora, ha vuelto a ejercer su trabajo junto a Médicos Sin Fronteras en los campamentos de refugiados cerca de Bashir. Describe el «dolor y desesperación» de sus pacientes, que también han perdido su forma de vida antes de la guerra. «Muchos llegan en un estado avanzado de desnutrición y enfermedad». Al Douri atiende a familias que han viajado durante días , sin comida ni un lugar donde refugiarse, hasta que encuentran un lugar seguro para asentarse. «Muchos llegan en un estado avanzado de desnutrición y enfermedad» Al Douri Médico sudanésMédicos Sin Fronteras también asiste a mujeres que han sufrido violencia sexual . Estas agresiones tienen lugar lejos del frente de batalla, durante las actividades cotidianas. Las supervivientes relatan violaciones en campos de refugiados, en carreteras durante sus desplazamientos o en campos de cultivos mientras trabajan. Entre enero de 2024 y noviembre de 2025, la organización atendió a más de 3.000 víctimas, entre ellas niñas menores de edad. Los grupos armados utilizan este abuso como un arma de guerra para generar miedo en las poblaciones. Las mujeres sudanesas son doblemente vulnerables, por la situación humanitaria y por la violencia sexual sistemática que sufren.Los sudaneses han perdido sus hogaresEn algunas regiones del país, el Ejército de Sudán ya ha recuperado el control y los desplazados han podido regresar a sus hogares. Ayob, un estudiante que vivía en Jartum antes de la guerra, fue evacuado cuando comenzaron los combates. Hace unos meses pudo volver y comprobó que la capital había quedado devastada. «Los edificios quedaron destruidos y sus propietarios son familias normales que no pueden reconstruir sus casas», cuenta con pesar. Su piso se salvó, pero le «robaron completamente» y no dejaron nada en su interior. «Va a llevar tiempo, esfuerzo y dinero volver a comprarlo todo», lamenta Ayob.«Los edificios quedaron destruidos y sus propietarios son familias normales que no pueden reconstruir sus casas» Ayob EstudianteTodas las personas que han perdido sus hogares se han visto obligadas a improvisar refugios en los que vivir. Han habilitado antiguas escuelas y edificios abandonados o han establecido campos de refugiados precarios. Estos lugares no reúnen condiciones de sanidad ni higiene, lo que está favoreciendo la propagación de enfermedades. «He visto niños con sarampión en la comunidad y es doloroso. Tienen fiebre y sarpullidos, y muchos tuvieron que ser hospitalizados. En la comunidad no podemos controlar la enfermedad por nuestra cuenta, necesitamos las vacunas», relata angustiada Mariam, otra madre que vive cerca de la zona de conflicto en Darfur.Médicos Sin Fronteras ofrece apoyo a las comunidades de desplazados en el campo de refugiados de Daba Naira, en Darfur Norte (Imagen 1, 2 y 3). MSFEn muchas regiones del país, los hospitales apenas funcionan y los habitantes no tienen acceso a la atención sanitaria. En estos lugares, la asistencia de las organizaciones humanitarias es fundamental . Necesitan ayuda para prevenir y tratar enfermedades, y también para el suministro de alimentos y otros productos básicos necesarios. Nadia explica que el campo de refugiados en el que vive no tenía acceso a agua potable. Ahora, gracias a la contribución de Cáritas, un camión cisterna llega cada dos días para suministrar agua. Muchas personas desplazadas en Sudán no podrían sobrevivir sin la colaboración de las ONG. Aun así, esta ayuda no es suficiente para cubrir todas las carencias del país. «Los planes de respuesta están gravemente infrafinanciados, lo que obliga a priorizar y deja a muchas familias sin apoyo», lamenta el director de Save the Children en Sudán. Ocasionalmente, los trabajadores humanitarios ni siquiera pueden acceder a los territorios cercanos al conflicto, ya que los grupos armados bloquean los accesos. Debido a todas estas limitaciones, «muchas necesidades siguen sin cubrirse», reconoce.«He visto niños con sarampión en la comunidad y es doloroso. Tienen fiebre y sarpullidos, y muchos tuvieron que ser hospitalizados. En la comunidad no podemos controlar la enfermedad por nuestra cuenta, necesitamos las vacunas» Mariam Desplazada interna por la guerraDesde el inicio de la guerra, los sudaneses reclaman más ayuda y financiación para las organizaciones que asisten en el país. Pero, sobre todo, demandan mayor atención de la comunidad internacional . «Nosotros, los sudaneses, no salimos tanto en las noticias», se queja Ayob. Todas las personas consultadas coinciden en que la guerra de Sudán está quedando en el olvido. El doctor Al Douri pide a los medios que «no dejéis de hablar de Sudán y del sufrimiento del pueblo sudanés». A pesar de las dificultades que afrontan cada día, los sudaneses no pierden su fe. «Confiamos en Dios, esperamos que Dios detenga la guerra y podamos regresar a nuestros hogares y a nuestras vidas normales», afirma Nadia. Por el momento, el conflicto no tiene una solución definitiva y los grupos enfrentados no se han mostrado dispuestos a negociar un acuerdo duradero. Aun así, Al Douri mantiene su esperanza: «Algún día volveremos a estar unidos en esta patria».

Fuente original:ABC Última Hora

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