Última Hora17:28
Palabras para Pote

La guerra, el gran laboratorio del Arturo Pérez-Reverte escritor

ABC Cultura
6 de mayo de 2026, 14:53
5 min de lectura

Es un libro necesario. A los revertianos los deslumbrará. Al resto de los lectores, los agasajará. ‘Enviado especial: Una biografía de guerra’ (Alfaguara, 2026), de Arturo Pérez-Reverte , reúne más de...

Compartir:

Es un libro necesario. A los revertianos los deslumbrará. Al resto de los lectores, los agasajará. ‘Enviado especial: Una biografía de guerra’ (Alfaguara, 2026), de Arturo Pérez-Reverte , reúne más de 140 textos –crónicas, reportajes y artículos— escritos a lo largo de más de cinco décadas. Organizado en tres grandes bloques (1970-1973, ‘Los años de aprendizaje’; 1974-1981, ‘Las crónicas de guerra’, y 1990-2025, ‘Los textos de memoria’), el libro funciona como una autobiografía indirecta. Está construida desde el periodismo y atravesada por una experiencia central: la guerra como oficio y huella que acontece más adelante como centro de la literatura de Arturo Pérez-Reverte. Leídas en conjunto, estas crónicas aportan una mirada profunda, necesaria y hasta ahora inexplorada sobre el Pérez-Reverte que ya carbura como novelista en la mirada urgente del periodismo. Aquí se manifiesta el reportero novísimo y feroz, la pura energía y fibra de un lector que acabará tomando forma en un autor robusto y firme como un roble. El aprendiz del diario ‘La Verdad’ que se sube a un buque o baja a la mina demuestra y anticipa la forma en que habrá de cuajar como profesional en ‘Pueblo’. Abona un sentido clarísimo de la observación y del riesgo que la edición y selección de María José Solano ofrecen ante los lectores en su estado puro. Desde sus primeras páginas, ‘Enviado especial’ deja claro su principio rector y su razón de ser: «Caminé por un mundo en guerra intentando comprender. No me lo contaron. Estuve allí, y esto es lo que vi». Esa voluntad de presencia –de estar físicamente en el lugar de los hechos– lo define y lo constituye. Ya desde el reportaje inicial sobre la mina en La Unión , Pérez-Reverte fija un método: observar sin intervenir, registrar sin retórica. Estar cerca, muy cerca, lo más cerca posible. Acceder a la realidad implica, en ocasiones, saltarse determinadas barreras y es justo eso lo que el lector aprecia estilísticamente en este Arturo Pérez-Reverte espabilado y eficaz . El segundo bloque, dedicado a los años setenta del siglo pasado, contiene algunas de las crónicas más contundentes. En ‘Los muertos boca arriba’, ambientada en Eritrea , la guerra se muestra sin filtros: «El primer eritreo que cruza el puente no recibe su trofeo. Está muerto». Aquí no hay épica, sólo constatación. El reportero está dentro de la escena, obligado a seguir trabajando incluso cuando la realidad lo desborda: «Los lectores esperan que les muestres cómo es la guerra, y tú no puedes defraudarles». Esa tensión entre testimonio y conjunto propone al lector un pulso tanto histórico como estilístico . Asistir en primerísima línea, en el pellejo de la presa y del depredador. Están aquí los conflictos árabe-israelíes , las guerras civiles de Oriente Próximo y África, y la inestabilidad política en amplias regiones del Mediterráneo. Estas crónicas confirman lo que apuntaban los primeros reportajes del autor: «El reportero no reconstruye los hechos mediante fuentes secundarias, sino que viaja a los lugares de combate, convive con soldados y población civil , y describe hechos y situaciones vividos en primera persona, sin por eso perder de vista la prioridad de la información por encima de las impresiones personales, que completan el material ofrecido a los lectores», así lo describe Solano en este volumen y así lo asimila el lector. Los Balcanes, Centroamérica, el desmadre de la naturaleza humana exhibida sin anestesia en la parrilla informativa. Es justo en el tercer bloque –el más extenso, con textos publicados entre 1990 y 2025– donde la obra adquiere una dimensión distinta. La guerra ya no acontece como episodio, sino como retablo . ‘Regreso a Vukovar’ es su ejemplo más claro. «Imagino que a la mayor parte de ustedes Vukovar le importa un carajo. Pero […] yo me acuerdo muy bien, porque estaba allí». Anticipa al Reverte de ‘El pintor de batallas’. El compromiso con lo narrado –en tanto que vivido–, explota en las manos del lector en un ejemplar literaria y editorialmente deslumbrante. «Nos pasamos aquel verano y aquel otoño corriendo como liebres delante de los tanques serbios ». Los senderos para recorrer y estudiar su obra están perfectamente podados. El foco se desplaza del hecho bélico al poso vital: la memoria, el paso del tiempo y la huella. El protagonismo recae cada vez más en los individuos, en personajes concretos que encarnan esa experiencia, en lugar de en los acontecimientos históricos. Estas columnas funcionan como un puente entre el reportero y el escritor. Juntas, forman el laboratorio del Pérez-Reverte novelista: alguien experimentado, y puede que por eso irónico y escéptico, que goza, ahora sí, del tiempo suficiente para tajar a sus personajes. En su conjunto, estas crónicas ilustran el taller del escritor. Suponen un regalo de lujo para el conocedor de la obra de Pérez-Reverte, a la vez que un manual de observación para aquel que se inicia en su lectura.

Fuente original:ABC Cultura

Preguntas frecuentes sobre La guerra, el gran laboratorio

Los detalles completos del acontecimiento deportivo se recogen en el artículo.

Más noticias de esta sección

Ver todas las noticias

Compartir esta noticia

Compartir: