Historia del sexo en España: «Los Reyes Católicos crearon una gran red de prostíbulos»

ABC Última Hora
26 de abril de 2026, 23:28
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Que broten los eufemismos. Algunos, con ese casticismo chusco que emana el Torrente de Santiago Segura, las han tildado de sobrinas; otros tantos, de señoritas de compañía o, sencillamente, de 'chicas...

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Historia del sexo en España: «Los Reyes Católicos crearon una gran red de prostíbulos»

Que broten los eufemismos. Algunos, con ese casticismo chusco que emana el Torrente de Santiago Segura, las han tildado de sobrinas; otros tantos, de señoritas de compañía o, sencillamente, de 'chicas'. Pero lo que tiene claro Javier Rioyo es que las prostitutas son el antes y el hoy de la sociedad. Porque aquello de pagar por sexo en un burdel, afirma a ABC el periodista, guionista y director de documentales, es una práctica milenaria con la que han convivido monarcas y escritores desde que el mundo es mundo. Del sexo adicto de Felipe IV , con una treintena de bastardos en su haber, a un Jorge Luis Borges que –dicen– fue desvirgado a los 19 años por la misma meretriz que se acostaba con su padre.Rioyo sabe que los dedos de la mano se quedan muy cortos para enumerar los clientes famosos que han rondado los 'clubes de señoritas'. «La cifra es altísima», afirma. Él, por su parte, recalca que jamás ha probado del fruto prohibido: «Nunca he sido usuario. Pero, como chico adolescente y periodista curioso, siempre he mirado con sorpresa a aquellas chicas y los sitios en los que ejercían». Hecha la necesaria aclaración, el que fuera también director de diferentes sedes del Instituto Cervantes entre 2011 y 2024 confirma que fue esa intriga la que le impulsó a escribir el ensayo que, estos días, llega a las librerías de la mano de la editorial Almuzara: ' Burdeles, picaderos y lupanares '. Una historia de los prostíbulos, dicho pronto.De rameras y reyesVaya usted a saber cuándo se inventó ese que llaman el trabajo más antiguo del mundo. Lo que sí documenta Rioyo es la llegada a la península ibérica de los lupanares: fue hace tres milenios, y de la mano de unos marineros bregados. «Recibimos la prostitución con los fenicios, que la habían conocido a su vez en Babilonia», explica. Pero hubo que esperar un poco, hasta la Hispania romana , para que estos templos del sexo abrieran sus puertas a decenas por todo el territorio. La multiplicación de trabajadoras fue tal que hubo que categorizarlas: había junices y juvenae –las de grandes mamas–, meretrices –las que vendían sus atributos de noche–, cortesanas –las que procedían de las clases elevadas–, famosae –matronas a las que se pagaba con lujo– , erráticas –errantes–…Noticia relacionada general No No El único rey español al que rinde homenaje en secreto EE.UU. Manuel P. VillatoroPero España siempre ha sido 'different'. Si en Roma se grababa un enorme falo en la roca para señalar la ubicación de los lupanares, por estos lares se prefería una rama; ahí nacieron las rameras. Después llegaron los visigodos –que penaban la prostitución, la homosexualidad y la zoofilia– y hasta los andalusíes. Tiempo después, en 1321, la península volvió a ser mascarón de proa con un burdel de dimensiones colosales que Jaime II permitió abrir en Valencia . «Era una suerte de Disneyland del pecar», señala Rioyo. En la práctica, era una pequeña ciudad que llegó a contar con tres centenares de trabajadoras y cuyas bondades cantaban los viajeros de toda Europa: limpieza, horarios reglados… De todo.«Alfonso XIII llegó a encargar, por mediación del Conde de Romanones, películas pornográficas. Fueron el inicio de este tipo de cine en España» Javier Rioyo EscritorLos reinos de la península, desvela Rioyo, fueron siempre tierra de lupanares: «Los muy honorables Reyes Católicos, por ejemplo, galardonaron a sus preferidos en batalla con la concesión de burdeles y crearon una red de ellos. Eran un negocio seguro». Isabel y Fernando fueron dos grandes impulsores de las mancebías, como se denominaban por entonces. Durante la guerra de Granada entregaron al capitán Alonso Yáñez Fajardo –conocido como 'Coro'– el monopolio para establecerlas en los territorios conquistados. A partir de entonces, este 'Señor de putas' –así era el título– organizó los prostíbulos de Málaga, Granada y Almería con unos beneficios exagerados. Y otro tanto sucedió en Madrid con un picadero situado –y autorizado por los monarcas– en la actual Calle Toledo.Hacia la posguerraLa Casa de Austria tuvo también una relación estrecha con meretrices y lupanares. Felipe II, casto hasta el extremo, reglamentó el negocio del sexo y se negó a cerrar las mancebías por considerarlas un mal necesario. Máxima, por cierto, que ya había sostenido San Agustín: «Si se suprime la prostitución, la sociedad será corrompida por el placer sexual». El monarca, al que su padre le había aconsejado huir de las bajas pasiones, les prestó atenciones personales a estos centros durante su reinado. Lo de Felipe IV fue más sangrante. «Fue un usuario asiduo de lo prostibulario y, a la vez, uno de sus teóricos perseguidores», señala Rioyo. Sobre el papel prohibió las mancebías; en la práctica, hizo poco porque se cumpliera la orden.Burdeles, picaderos y lupanares Editorial Almuzara Precio 27,00 € Páginas 372El cambio de dinastía en España abrió nuevos horizontes en lo que al sexo se refiere. «Con los Borbones llegó el vicio afrancesado. Aunque, además del refinamiento ilustrado, también había una parte canalla y secreta. Algunos monarcas utilizaron El Pardo para mantener relaciones extramatrimoniales», defiende. Ejemplos los tiene a pares, pero el más llamativo tiene nombre y apellidos regios: « Alfonso XIII llegó a encargar, por mediación del Conde de Romanones, películas pornográficas. Fueron el inicio de este tipo de cine en España. Las realizaban los hermanos Baños… ¡y eran realmente insoportables!», bromea. Lo que está claro es que aquella época fue libertina. Tipos como Goya se colaban en sábanas ajenas y el valido Manuel Godoy en las enaguas de María Luisa de Parma, mujer de Carlos IV.El ensayo se estira hasta la Guerra Civil –donde la prostitución se adaptó al frente de combate– y la llegada del franquismo . La dictadura fue una etapa curiosa: por un lado, se impuso una represión moral que castigaba la existencia de burdeles, por otro, estos establecimientos siguieron existiendo en la clandestinidad. La guinda es un análisis del mercado del sexo en la posguerra, hasta casi los años setenta. «Conozco muchas anécdotas. En el Chicote de Madrid había 'señoritas' muy elegantes, muy peripuestas… Todas tenían una suerte de decálogo de comportamiento: cómo debían vestir, cómo debían dirigirse al cliente, cómo debían comportarse… La regulación era absoluta», sentencia.El Chicote no era el único local en el que tener un encuentro furtivo. En Pasapoga o Gran Peña, afirma Rioyo, sucedía otro tanto. Y hasta en uno de los templos de la cultura. «¡El Círculo de Bellas Artes también tuvo unos reservados en la zona de la piscina!», finaliza.

Fuente original:ABC Última Hora

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Historia del sexo en España: «Los Reyes Católicos crearon una gran red de prostíbulos». Te contamos todos los detalles en este artículo de Noticias Diarias.

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