El espacio de aprendizaje de Ballester Moreno

ABC Cultura
10 de abril de 2026, 10:35
5 min de lectura

Dentro de la creciente tendencia del arte contemporáneo a cuestionar narrativas únicas y jerarquías, promoviendo en su lugar modelos pedagógicos abiertos y participativos, podemos observar un fenómeno...

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Dentro de la creciente tendencia del arte contemporáneo a cuestionar narrativas únicas y jerarquías, promoviendo en su lugar modelos pedagógicos abiertos y participativos, podemos observar un fenómeno de interés como es el de su resignificación, pasando de ser mero objeto de contemplación a espacio de experiencia y aprendizaje, donde el público evoluciona de espectador pasivo a participante activo, y las instituciones funcionan como laboratorios educativos, invitando a la interacción y al diálogo. En este sentido, un paso más sería proponer a ese público que se convirtiera no ya sólo en actor de las obras sino más aún en su auténtico coautor. Este es sin duda el propósito de 'El Cielo y la Tierra', la muestra que presenta Antonio Ballester Moreno (Madrid, 1977) en el CA2M de Móstoles . Su sintaxis creativa se fundamenta en una profunda interconexión entre la Naturaleza, el pensamiento ecológico, los registros cromáticos y determinados factores primarios, investigando el diálogo entre el ser humano y su entorno. Para plasmar este ideario recurre habitualmente al empleo de formas simples y geometrías elementales (círculo, cuadrado, triángulo), a materiales humildes, y a una paleta de colores vibrantes y naturales, todo dentro de una estética minimalista y una intensa carga simbólica. El principal lenguaje expresivo que utiliza es esencialmente el de la pintura; sin embargo, también incluye el dibujo, las instalaciones y la escultura. Junto a estas características, toda su obra y sus intereses creativos están fuertemente impregnados por una voluntad de concebir el arte como un vehículo pedagógico al servicio de la comunidad. Para él, la creación resulta ser más un gesto educativo que sólo una expresión personal. A tal fin se apoya en narrativas de sabiduría popular, retorno a las fuentes artesanales, aprendizaje a través de la experiencia, y la participación de colectivos en procesos no necesariamente normativos ni vinculados exclusivamente a la esfera artística oficial. De esta forma, viene a cuestionar el papel reglado y representativo de las instituciones artísticas, aunque, del mismo modo, la concibe como un plural espacio de encuentros. La muestra se enmarca de nuevo dentro de un eje de trabajo característico del CA2M como es invitar a distintos artistas a plantear propuestas expositivas a partir de la relectura de las colecciones que alberga el museo, buscando así que el público pueda conocer más en profundidad estos fondos. El testigo lo retoma Antonio Ballester, actuando como comisario del proyecto. El mismo título ya supone un claro guiño conceptual por el que este artista reflexiona sobre diversos procesos dialécticos: lo terrenal y lo celestial; lo natural y lo espiritual; lo alto y lo bajo; el día y la noche... Invitando al visitante a que ejerza también una labor reflexiva sobre los múltiples nexos entre los ámbitos de la Naturaleza y del universo. La propuesta se articula a través de una selección de pinturas, instalaciones y obras inéditas que buscan construir un itinerario sensorial, transitable e inmersivo, con una gran carga escenográfica y teatral –a mi juicio, quizás excesiva y abigarrada–, en el que distintos elementos geométricos y naturales establecen un diálogo con la propia arquitectura del espacio. En esencia, el concepto fundamental que sustenta todo este proyecto es el de considerar el paisaje, no como un hecho estético o una mera imagen, sino como un complejo y polisémico constructo, definido y conformado por distintos factores geológicos, antropológicos, sociales y culturales, que puede por tanto convertirse en una herramienta formativa. Para dar sentido y representación a estos objetivos se presenta una amplia selección de piezas de la colección, un total de veintinueve, que conviven con un conjunto de obras realizadas por Antonio Ballester en colaboración directa con distintos colectivos de Móstoles, caso de los alumnos del CEIP Federico García Lorca y también con algunas familias de la localidad, que convierten el museo en una suerte de espacio de aprendizaje compartido. Sin embargo, echo en falta la presencia de algunas obras del propio artista. Creo que esto podría haber aportado una dimensión conceptual y formal extra. Entre los trabajos elegidos de la colección, destacan autores de primer nivel como Alberto Sánchez, Sol Lewitt, Rodney Graham, Perejaume, Ibon Aramberri, Ana Mendieta, Baldessari o Ángela de la Cruz, aunque en ocasiones no acabo de ver su conexión con el espíritu del proyecto. Resulta, eso sí, cuando menos curioso contemplar estas obras junto a humildes y anónimas estructuras de cartón en forma de árboles, plantas, aves y estrellas. La intención es crear una exposición de procesos, más que de 'obras de arte', como una especie de humilde utopía en la que el arte vuelve a ser algo compartido. El mensaje es claro: cuestionar la concepción del artista como genio individual y aislado y proponer la posibilidad de que todos podamos ser potencialmente creadores. No hay duda del carácter loable de esta propuesta, aunque a veces su riesgo estriba en que su vocación participativa puede banalizar la experiencia artística, confundiendo dinamización con profundidad, o subordinando el arte a funciones básicamente sociales.

Fuente original:ABC Cultura

Preguntas frecuentes sobre El espacio de aprendizaje de

Los detalles completos del acontecimiento deportivo se recogen en el artículo.

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