El complot que llevó a Encarna Sánchez a México
El Viernes Santo de 1996, tras varios años combatiendo un cáncer, Encarna Sánchez dejaba este mundo con una fortuna estimada de 1.500 millones de pesetas. Un pastón fruto de varias décadas de trabajo,...

El Viernes Santo de 1996, tras varios años combatiendo un cáncer, Encarna Sánchez dejaba este mundo con una fortuna estimada de 1.500 millones de pesetas. Un pastón fruto de varias décadas de trabajo, y sobre todo del sueldo y las comisiones por publicidad que se embolsaba como presentadora del vespertino 'Directamente Encarna', de la cadena COPE, líder de audiencia en su franja horaria. Pero también hubo épocas en las que se vio tiesa. Por ejemplo, cuando decidió dejar su Almería natal, en la que dio sus primeros pasos como locutora de radio , para probar fortuna en Madrid, donde tras conseguir el título de profesional radiofonista empezó a trabajar en una conocida emisora. En la capital española se tuvo que abrir paso a codazos en un mundillo bastante machista donde, entonces, las locutoras eran meras comparsas de los presentadores de radio. Al cabo de un tiempo se convirtió en precursora de la radio nocturna con CS y buen viaje, un programa de servicio público que conquistó a taxistas, serenos, porteros, camioneros y transportistas. «Encarna fue una mujer muy querida por Franco, quizá había algo casi filial en esa relación. Tanto fue así que la condecoró con el Lazo de Dama de la Orden del Mérito Civil. Fue muy amiga del matrimonio Franco: supo camelárselos, e incluso cenaban juntos y tomaban de postre yogurt», comenta a nuestro periódico Mohamed Sikabi, autor del libro de investigación Encarna , que analiza la figura de la locutora. Claro que la fuerte personalidad y el éxito de la locutora le granjearon unos cuantos enemigos. Uno de ellos fue el ministro franquista José Solís Ruiz, que nunca le perdonó que arremetiera contra él por la concesión de unas viviendas sociales a familias afines al régimen. En 1970, de forma inesperada, la almeriense fue despedida de su trabajo y la esposa del dictador, Carmen Polo, la invitó a abandonar el país alegando que alguien la acusaba de haber robado parte de la recaudación de un evento benéfico que ambas habían organizado. «Encarna no robó nada», asegura el escritor y jurista. «Los servicios secretos de la época se compincharon con un empresario catalán muy importante, M. P., para hacerla desaparecer del mapa social y político. Ese empresario hizo mucho dinero gracias a Encarna. Es más, el dinero de dos mil comensales lo invirtió en el ladrillo».Noticia relacionada general No No Mette-Marit recibe el certificado de discapacidad después de agravarse su enfermedad Rocío F. de BujánA raíz de aquel follón, Encarna resolvió marcharse de su país, no sin antes testar a favor de su madre (con una cláusula que nombraba sustituta vulgar a su buena amiga la artista Clara Suñer) la única propiedad que tenía entonces: un piso en la colonia madrileña de Mirasierra. Años más tarde, como no quiso hacer otro testamento, Suñer se convertiría en su heredera universal (claro que para entonces ya contaba con varios casoplones y un buen puñado de millones en el banco). Pero volvamos al comienzo de su periplo americano. En un principio, Encarna se instaló en México, donde presentó programas de éxito y hasta hizo sus pinitos como actriz de teatro.«En México se habría ahorrado los episodios con las copleras, los parásitos, los pelotas y todos los supervivientes que vivieron a su costa» Mohamed SikabiMatrimonio de conveniencia«Lo mejor que le pudo pasar a Encarna fue irse a México», apunta el autor. «No existiría Encarna Sánchez sin ese viaje casi fantasmagórico. México, para la locutora, fue lo que México —en libertad, pulsión creativa y apertura— para Mónica Naranjo. Allí conoció el chamanismo, la libertad bisexual, y la intelectualidad republicana y mexicana que respiraba por aquellas tierras. Fue una reina, íntima amiga de Silvia Pinal o María Félix. Tuvo mucho poder allí hasta que tuvo un lío lésbico con una persona muy importante de México y se tuvo que escapar del país. Dicha persona tenía mucho poder en las cloacas del estado mexicano y estaba apoyada por un cártel muy potente». En otro libro elaborado por el periodista Juan Luis Galiacho y el productor Pedro Pérez se cuenta que, tras su triunfo profesional en el país azteca, la almeriense curró en varios espacios de la República Dominicana y probó suerte en Puerto Rico, donde al parecer fue víctima de una estafa millonaria tras asociarse con uno de los dueños del canal WAPA en una empresa de exportación de azúcar. Su aventura tuvo como siguiente destino Los Ángeles, donde, pese a no tener ni idea de inglés, logró hacer prácticas en la ABC estadounidense. Aunque lo más curioso de su paso por la ciudad emblema de California no fue eso, sino que allí contrajo matrimonio con un promotor inmobiliario mexicano, del que se separaría al cabo de unos meses, según confesó ella a un allegado, porque al tipo le gustaba demasiado el juego y este vicio estaba arruinando su economía. «Encarna fue bisexual y sé que ese matrimonio fue concertado», comenta su biógrafo. «No hace falta saber de Derecho de Extranjería, al que me dediqué durante mucho tiempo, para darse perfecta cuenta de que Encarna hizo lo que hizo para quedarse en Estados Unidos. Claro que con esto no niego el hipotético amor que pudiesen darse».Mila Ximénez, Isabel Pantoja y Encarna Sánchez GtresYa en 1977, cansada de ir dando tumbos, decidió volver a España, donde cuentan que llegó con una mano delante y otra detrás. Gracias a la ayuda del cantante Luisito Rey, se colocó en Radio Miramar de Barcelona con un programa nocturno de servicio social, 'Encarna de noche', que gracias a su cercanía y su capacidad de emocionar al oyente conquistaría al pueblo llano y a la burguesía catalana. Así comenzó a remontar el vuelo una mujer que pronto iba a alcanzar la gloria profesional, pero que nunca llegó a ser feliz en lo personal. «Creo, muy firmemente, que Encarna habría sido mucho más feliz en México, entonces un país más tolerante que España», apostilla Sikabi. «Así se habría ahorrado los episodios con las copleras, los parásitos, los pelotas y todos los supervivientes que vivieron a su costa. En México fue ella misma, pero la vida… Federico Jiménez Losantos decía que Encarna murió de amor; Mila Ximénez, lo contrario: de rabia. Y yo digo que Encarna murió en la soledad de las soledades, propia de quien apostó por lo profesional y olvidó a la persona».
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