Aquellas muñecas partías
Parecía, esa caída de muñecas partías, como la caída de un ángel que ha perdido sus alas, y ante la falta de vuelo ya sólo le queda entregarse en cuerpo y alma a su devenir, en ese no saber qué pasará...
Parecía, esa caída de muñecas partías, como la caída de un ángel que ha perdido sus alas, y ante la falta de vuelo ya sólo le queda entregarse en cuerpo y alma a su devenir, en ese no saber qué pasará. Era como entregarse a un abismo, y rezar un callado 'que sea lo que Dios quiera', porque para torear así, como para escribir 'Fausto' o esculpir 'El Pensador', uno debe tener irremediablemente fe, si bien no necesariamente religiosa, sí fe en uno mismo, en su corazón creador. ¿Fe en uno mismo? Naturalmente, fe en el propio arte, pues toda creación exige un sacrificio más allá de lo humano, un sacrificio a lo divino, si es que se consigue. Yo... Ver Más
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